Un estudio de investigadores de la Universidad del Azuay y del Instituto Nacional de Biodiversidad (Inabio) amplió el conocimiento sobre Lampsophorus ecuadorensis, un chinche de las plantas descrito en 1968 y del que existían pocos registros sobre su biología, distribución y apariencia.
La investigación documentó 31 nuevos registros en el sur de Ecuador y confirmó por primera vez la presencia de la especie en Perú, en Cusco, Paucartambo. Con estos datos, su distribución conocida se amplía de forma significativa. Los investigadores advierten que los vacíos entre localidades podrían responder a la falta de muestreos, por lo que se requieren nuevas exploraciones para establecer el alcance real de su distribución.
El trabajo también describe características anatómicas adicionales, incluidas diferencias en las estructuras genitales de los machos, y presenta por primera vez una ilustración de la hembra. Otro hallazgo es la coloración azul metálica observada en los ejemplares estudiados. Esta tonalidad difiere de la descrita para el ejemplar tipo, registrado originalmente con tonos amarillo-citrinos y verdosos. Los autores plantean que la diferencia podría relacionarse con variación natural, geográfica o de desarrollo, pero señalan que se necesitan más muestras y análisis para determinar su causa.
Además, el estudio reportó la primera asociación vegetal conocida para el género Lampsophorus: adultos de L. ecuadorensis fueron observados alimentándose de los estambres de Tibouchina laxa, mientras que ninfas se encontraron sobre sus tallos. Sin embargo, los datos no permiten afirmar que esta planta sea su hospedera ni que el insecto complete allí su ciclo de vida. Los investigadores consideran necesario realizar observaciones adicionales. La revisión de registros fotográficos de iNaturalist contribuyó a identificar localidades adicionales y complementó el trabajo de campo. Los autores destacan que algunos ejemplares fueron registrados en zonas periurbanas y ambientes intervenidos de Loja, lo que muestra que estos espacios también pueden albergar fauna nativa. El estudio subraya cuánto falta por conocer sobre los insectos del país y propone ampliar la investigación con nuevos ejemplares y análisis morfológicos y genéticos.
